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Cultura Cubana

CULTURA

En el mundo actual, la globalización neoliberal se abre paso como signo distintivo de este milenio, y con ella se trata de imponer el monopolio de la información y las comunicaciones, con la manipulación de mensajes portadores de consumismo, banalidad y mediocridad encaminados al empobrecimiento espiritual y el escepticismo globalizado, sustentados y difundidos por la más potente tecnología y dirigidos a fomentar un determinado modo de pensar y actuar en un destinatario pasivo y acrítico.

Frente a esta situación, la cultura como valor universal, es la vía más legítima para depurar y enaltecer las aspiraciones creativas del ser humano. El cultivo y respeto de los valores culturales nacionales y universales, desde una ética humanista, a través de la cual el individuo como participante de los procesos de su entorno sea capaz de discernir y evaluar críticamente la realidad contemporánea y la diversidad de representaciones simbólicas que le rodean, constituye una necesidad insoslayable. 

En el modelo social cubano la cultura es un insustituible instrumento de transmisión de valores éticos que favorecen el crecimiento humano. Si con el triunfo de la Revolución se privilegió la democratización de la cultura, las circunstancias actuales nos llevan a una profundización y ampliación cualitativa, donde el desarrollo de una cultura general e integral asumida como línea de política cultural esencial, refrendada en congresos de creadores, periodistas, científicos, educadores y de organizaciones y organismos diversos que representan el amplio tejido social de la población cubana, proporcione mayor calidad a la vida humana y prepare mejor a los cubanos y cubanas para enfrentar los retos del mundo en que nos ha tocado vivir.

Con este fin se desarrollan un importante número de programas educacionales, sociales y culturales, de amplia repercusión social, encaminados a lograr profundas transformaciones cualitativas del pueblo cubano.

LITERATURA

Puede decirse que Cuba es una isla que no ha cesado de producir poetas. La primera obra en verso, Espejo de paciencia, data del año 1608 y se escribió en la villa de Puerto Príncipe por el canario Silvestre de Balboa. En la primera mitad del siglo XVIII, hacia 1733, apareció la primera obra teatral de autor cubano que se tiene noticia: El príncipe Jardinero y Fingido Cloridano, del capitán habanero Don Santiago de Pita.

En 1790 con la aparición del Papel Periódico de La Habana, la burguesía criolla logra un espacio importante. Manuel de Zequeiro y Manuel Justo Ruvalcaba, se consideran los poetas más representativos de este siglo XVIII. En ambos el sentido de lo cubano va emergiendo lentamente con el amor y deleite por las riquezas del suelo, dedicando sus versos a exaltar la piña, el mamey y otras frutas tropicales.

Es en siglo XIX cuando nacen los grandes poetas y comienza a consolidarse asíla tradición en la poesía cubana. Versos tan hondos y hermosos como los de Julián del Casal, Plácido, El Cucalambé, Juan Clemente Zenea, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Juana Borrero, José Jacinto Milanés, Luisa Pérez de Zambrana, José María Heredia y José Martí, quien es la figura literaria más representativa del país pues su vida, ideas y heroica muerte lo identifican como el Héroe Nacional. Todos ellos dejan la huella de una lírica exquisita que, aunque romántica, supo en algunos casos, sobrepasar los límites del sentimiento para ofrecer versos de absoluto comprometimiento.

En el siglo XIX se escribe la primera gran novela cubana, Cecilia Valdés, por Cirilo Villaverde. Otras novelistas importantes que aparecen son Ramón Meza y Gertrudis Gómez de Avellaneda.

La poesía del siglo XX, inquietante por su diversidad de estilos como el siglo mismo, se crece con los nombres de José Zacarías Tallet, Regino Pedroso, Emilio Ballagas, Regino Botti, Nicolás Guillén, Carilda Oliver, Heberto Padilla, Virgilio Piñera, José Lezama Lima, Roberto Fernández Retamar, Gastón Baquero, Nancy Morejón, Antón Arrufat, Eliseo Diego (premio Juan Rulfo al conjunto de su obra), Cintio Vitier, Fina García Marrúz, Mirta Aguirre, Pablo Armando Férnandez, Guillermo Rodríguez Rivera, Angel Augier, y Dulce María Loynaz (premio Cervantes de la Academia ).

La novela tuvo un desarrollo acelerado durante el siglo XX con escritores que empiezan rápidamente a obtener importantes reconocimientos internacionales. Así las obras de Miguel de Carrión, José; Soler Puig, Dulce María Loynaz, Severo Sarduy, Miguel Barnet, Leonardo Padura, Senel Paz, Pablo Armando Férnandez, Luis Rogelio Nogueras, Virgilio Piñera, José Lezama Lima, Abilio Estévez, y Alejo Carpentier (premio Cervantes de la Academia ). En la actualidad la narrativa es uno de los géneros que con más seguridad se ha desarrollado en los jóvenes escritores.

MUSICA

La música cubana está signada por un complejo proceso de vínculos histórico-culturales, que se evidencian en los diversos elementos constituyentes de las distintas esferas de creación e interpretación.

Comprender todo ello permite explicar la profunda interrelación dialéctica entre las músicas de tradición folklórica y popular, así como las enmarcadas en el ámbito de la llamada música culta, clásica o de concierto que, constantemente, se reacomodan en un dialogo intercambio de renovación y permanencia bajo los más diversos códigos de percepción estética.

Desde los primeros momentos, esta manifestación se ha apropiado de sutiles elementos heredados de las diferentes maneras de hacer que nos llegaron junto con la colonia, entre los que se destacan los fundamentos hispánicos y africanos en sus más disímiles propuestas étnico-culturales.

Aunque se tienen noticias desde 1544 de la ejecución de obras musicales para el Oficio Divino por el mestizo Miguel Velásquez, la isla ya contaba con las catedrales católicas de Santiago de Cuba (fundada en 1522) y la de La Habana, (consagrada como tal en 1789) en cuyo entorno se desarrollaron las obras de Esteban Salas y Cayetano Pagueras. Sin embargo, no es hasta el siglo XVIII en que aparecen las más tempranas evidencias de la composición de piezas cubanas.

Importantes procesos socio-económicos y políticos se gestaban desde entonces en otros terrenos, que llevarían siglos más tarde al surgimiento de una música nacional, proyectada hacia la creación folklórico-popular, o a la música profesional con fuertes raigambres populares.

Los primeros años del siglo XIX resultaron significativos en este sentido, en tanto la importación de específicos modos creativos y estilos músico-danzarios de raigambre anglo-franco-hispánica junto a patrones fundamentalmente rítmicos de origen bantú-dahomeyano impuesto por los músicos negros y mestizos, sentaron las bases para su conversión en manifestaciones nacionales.

En lo adelante country-dances y danzas llenarían todo un siglo en el que la formación de una identidad nacional apuntaba desde la obra de Manuel Saumell e Ignacio Cervantes, entre otros compositores aún poco estudiados.

Procesos paralelos se dieron además en las zonas rurales, vinculados a las gestas libertarias y familias centenarias. La música es con casi toda seguridad la manifestación artística cubana más difundida en el mundo. El convulso siglo XX fue reflejado también en la creacién y la interpretación de la música desde todos los órdenes. Tanto es así, que la cristalización de importantes géneros de la música popular cubana y la consolidación de diferentes formatos organológicos son determinantes en una caracterización de la época.

Ya desde principios del siglo XX la música cubana se expandió fuera de los límites de la isla y desde entonces han tenido similar éxito la mayoría de los ritmos que han surgido, estableciendo pautas incluso a nivel internacional. Entre los ritmos populares cubanos los más difundidos están el son, el danzón, el chachachá, el mambo, la actual salsa, que es una derivación del son junto a significativas concreciones de los formatos instrumentales, como la charanga, el trío sonero y trovadoresco, el septeto, sexteto, conjunto, entre otros, y el perfeccionamiento de las diversas coreografías en un toma y daca con los más variados estilos individuales. Además, haciendo gala de la universalidad de la cultura cubana, también existe un jazz cubano, así hip hop y rap cubanos, con raíces en el jazz de Estados Unidos y el reggae de Jamaica y con un altísimo nivel internacional.

A finales del siglo XX y principios del XXI ha existido una amplia difusión de la música tradicional cubana a través de grupos como el Buena Vista Social Club y, la nueva trova, con sus principales exponentes, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés continúan difundiendo las raíces más autóctonas de nuestra música.

Los esclavos africanos vinieron a Cuba con ritmos y danzas rituales los que se mezclaron con las melodías de la guitarra española. La música es, sin duda alguna, la que más ha influido en la personalidad del cubano. Se dice que en la isla se habla cantando, se baila al caminar y se enamora con la letra de una canción.

Es la música la que ha desarrollado el proceso evolutivo con más rapidez y fortaleza. La Habanera, género musical nacido de la danza criolla y la contradanza, influyó en el surgimiento del tango argentino y otros aires sudamericanos.

El Son y el Bolero llegaron a La Habana desde las provincias orientales, específicamente de Santiago de Cuba. El bolero apareció a principios de este siglo con los grandes compositores Alberto Villalón y Sindo Garay, con gran influencia de Pepe Sánchez (que escribió el primero Tristezas en 1883). Aunque las principales canciones de la vieja trova eran boleros, se destacaron como compositores de este género Orlando de la Rosa, César Portillo de la Luz (Contigo en la distancia) e Isolina Carrillo, quien dejara uno de los legados más sublimes de todos los tiempos con el bolero Dos Gardenias.

Desde la segunda mitad del siglo XIX se tienen noticias de la existencia del son montuno. En 1920 el Sexteto Habanero hace su aparición en los salones de baile de alta sociedad en la capital. El trío Matamoros, comienza su larga e importante carrera en el año 1925 en Santiago de Cuba. El trío deja varias de las canciones clásicas cubanas como: Son de la loma, Mariposita de primavera y Lágrimas negras.

Poco después llega la primera época de oro del son, y surgen decenas de sextetos y septetos, algunos de los cuales empiezan a grabar para grandes disqueras norteamericanas. A los primeros exponentes del son le sucedieron Arsenio Rodríguez, Miguelito Cuní, Félix Chapotín y Roberto Faz, mientras Arcaño y sus Maravillas, La Sensación, y otras orquestas danzoneras y charangueras amenizaban los principales bailables capitalinos de esta primera época que abarca los años 40 y 50.

El lema "Abajo la lira y arriba el bongó", marcó por su parte el pensamiento estético de la intelectualidad nacional en los primeros años del siglo XX, lo cual definió claras y opuestas posiciones: Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla llevaron adelante una profunda campaña de identidad desde la música sinfónica y años después, Fernando Ortiz renovó con su pensamiento las más disímiles aristas de las ciencias sociales valorando el aporte africano a nuestra cultura.

Las décadas posteriores se vieron igualmente marcadas por fuertes procesos socio-culturales en los que desempeñó un importante papel el Grupo de Renovación Musical que se propuso, entre sus presupuestos estéticos, la continuidad de la obra de vanguardia de sus dos predecesores para, finalmente, tomar caminos diferentes cada una de sus individualidades, destacándose entre ellos Harold Gramatges y Argeliers León, en la formación de escuelas de composición y musicológicas del patio.

Sin embargo, el disco, la radio, la televisión y el cine, en tanto medios de difusión dirigidos al producto comercial, implantaron modas y esquematizaron géneros de los cuales fueron ejemplos las rumbas, mambos y congas "de salón", que no obstante, intentaron dar a conocer al mundo la música cubana.

En 1950 Enrique Jorrín da a conocer La engañadora, primer chachachá y Pérez Prado realiza en 1952 su primer mambo. El segundo esplendor del son ocurre en la década del 50 con la aparición de un hombre autodidacta procedente de Cienfuegos, Benny Moré, quien años más tarde se ganaría el título de "El Bárbaro del Ritmo". El compositor y cantante revitaliza la forma tradicional al llevar el son montuno a un concepto de jazz band. Benny Moré es el músico cubano que más ha influido en el proceso evolutivo de la música cubana y caribeña.

Las nuevas condiciones de vida determinadas por la Revolución de 1959 constituyó un incentivo para el desarrollo artístico en su más amplia dimensión. La apertura de centros institucionales -Escuela Nacional de Arte, Escuela de Instructores de Arte y años después el Instituto Superior de Arte -cuya responsabilidad fue el rescate de las tradiciones y la promoción del talento artístico desde todos sus orígenes, entre otros objetivos diseñados sobre la base de un profundo proyecto humanístico, llevó sin dudas a la continuidad de toda esa larga tradición ya existente en el país, a la vez que contribuyó a la canalización y sedimentación de vivencias musicales adquiridas con anterioridad por los múltiples artistas en sus contextos familiares o vecinales. Todo este convulso proceso social dio lugar a una amplia evolución cultural de la cual hoy somos testigos. La obra musical se vuelve reflejo, desde los más variados ángulos, del proceso revolucionario, y hoy se conservan antológicas cantatas en homenaje a importantes momentos históricos.

Instituciones como la Orquesta Sinfónica Nacional fundada en octubre de 1959, ofrecía su primer concierto el 11 de noviembre de 1960 en el Teatro Auditorium "Amadeo Roldán" bajo la dirección del maestro Enrique González Mántici. Desde su creación, la Orquesta Sinfónica Nacional ha desarrollado una importantísima labor de difusión de la música cubana y latinoamericana, además de abarcar un vasto repertorio sinfónico y de cámara que va desde el barroco hasta las músicas actuales. Más de dos mil conciertos ha realizado entre presentaciones nacionales y en el extranjero, consolidando líneas básicas de trabajo en conciertos regulares de temporada, programas sinfónico-corales, ciclos de conciertos didácticos, giras periódicas nacionales, espectáculos líricos y de ballet, conciertos extraordinarios de gala, etc.

A finales de la década de los 60 surge el Movimiento de la Nueva Trova encabezado por figuras como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola que le dan nuevos aires a la trova tradicional cubana y cuya música ha recorrido el mundo como expresión de los profundos cambios sociales ocurridos en el país después del triunfo revolucionario. Por otra parte, el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC y la posterior creación del Movimiento de la Nueva Trova significó un hito incomparable en el devenir de la tradicional cancionística cubana.

En la música popular bailable, tras el muy discutible llamado impasse de los 60, se asistió a la explosión de nuevos ritmos que alcanzaron una sorprendente diversidad y que fueron, sin dudas, reflejo de la búsqueda y confrontación de los músicos por una identidad propia enmarcada en lo universal. Todo ello se concretó después, en 1970 con el surgimiento de Juan Formell y los Van Van, que, con una sonoridad muy típica y moderna, con una la renovación tímbrica sonera desde diferentes propuestas, abrieron el camino al surgimiento de otras agrupaciones como las de Elio Revé y Adalberto Álvarez que constituyeron importantes instituciones y escuelas de la música cubana. La salsa cubana, muy conocida hoy en día en casi todos los países del mundo, tiene su crecimiento y esplendor a finales de los 80 y principios de los 90 con la madurez de orquestas como NG La Banda, y el surgimiento de agrupaciones jóvenes como Paulo FG y muchas otras.

Desde otras perspectivas de la creación, Chucho Valdés -heredero de la mejor tradición de la pianística cubana- con su grupo Irakere, revolucionaron la música popular bailable con la reelaboración de elementos del jazz, de los antecedentes africanos y del son, para sumarse a la pléyade de individualidades en las que se reúnen las más diversas tradiciones.

La música reconocida como "de concierto" se abrió a la renovación desde la vanguardia, imponiéndose cambios en los códigos musicales acorde a los parámetros universales y a la experimentación: Juan Blanco, Leo Brouwer y Carlos Fariñas fueron la avanzada en este lenguaje, a la que se sumaron Roberto Valera, Héctor Angulo y Calixto Álvarez, entre otros nombres. Todos ellos colaboraron además con el desarrollo de un cine nacional en el que la música desempeñó un papel decisivo.

La apertura a una música popular de concierto se desarrolla principalmente desde la solidez de la pianística cubana. En ella los recursos expresivos y de composición impusieron nuevas sonoridades en la que se fusionaban recursos técnico-expresivos de la música clásica universal, la música cubana y el jazz. Tales ejemplos se muestran claramente en José María Vitier y Ernán López-Nussa.

El panorama de los 90 se enriquece en la actualidad con la creación de importantes agrupaciones lideradas por jóvenes egresados de las escuelas de arte, que logran recrear de forma novedosa la música de concierto y la popular contemporánea a partir de la fusión de diversos géneros cubanos e internacionales.

La cancionística por su parte, ha continuado presente desde la óptica de jóvenes continuadores de todo el legado de la Trova, aunque también incorporan a sus recursos instrumentales, una amplia gama de efectos musicales propios de otros géneros cubanos, lo cual ha llevado a una renovación de estilos y sonoridades; tal es el caso de 13 y 8, Carlos Varela, Frank Delgado, y en los últimos tiempos, David Torrens y Polito Ibáñez.

Se ha desarrollado también un amplio movimiento coral que da a conocer a nivel internacional los frutos de todo el sistema de enseñanza cubana: Exaudi, Coralina, Vocal Leo y Entrevoces, Sampling y Vocalité, Ars Longa, entre otros, son representativos de este amplio movimiento estético que se extiende a las masas y a los niños a través de las cantorías.

A todo esto se añade la apertura de centros donde la investigación musicológica se convierte en eje para el resguardo del patrimonio y la comprensión de los más diversos hechos, desde la historia y la contemporaneidad se consolida durante estos años desde el Centro Odilio Urfé, el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana y el Museo Nacional de la Música. El nuevo siglo ha entrado a nivel internacional bajo diferentes presupuestos socio-políticos y concepciones estéticas globalizadotas en la creación, la interpretación y la recepción de la música a escala mundial. Al músico cubano y a sus instituciones les corresponde, de hecho, continuar con la defensa de un patrimonio heredado de tantos siglos de cubanía.

ARTES VISUALES

En el cine, la primera cinta filmada en Cuba, Simulacro de un incendio, data de 1897. Durante todo el período republicano solo se rodaron algo más de ochenta largometrajes de ficción.

No es hasta el triunfo de la revolución que se sientan las bases para una industria cinematográfica que apoya el desarrollo del cine nacional. La fundación en 1959 del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), significó un cambio fundamental para los creadores de la imagen en movimiento.

En 1960, Tomás Gutiérrez Alea estrena Historias de la Revolución, primer filme de ficción y Julio García Espinosa, realiza Cuba Baila. En esta primera etapa, llamada por la crítica "la década de oro del cine cubano", las películas más importantes que se estrenan son: La muerte de un burócrata (1966) y Memorias del Subdesarrollo (1968), de Tomás Gutiérrez Alea; Lucía (1968), de Humberto Solás; y La primera carga al machete (1969), de Manuel Octavio Gómez.

La labor excepcional de Santiago Álvarez como documentalista, reveló su peculiar virtuosismo a través de casi cuarenta años de trabajo ininterrumpido, con estrenos tan importantes como Ciclón (1963), Hanoi, martes 13 (1967) y 79 primaveras (1969).

En los años setenta se filman La última cena (1976) y Los sobrevivientes (1978), de Tomás

Gutiérrez Alea; Ustedes tienen la palabra (1973), de Manuel Octavio Gómez; El hombre de Maisinicú (1973), de Manuel Pérez; De cierta manera (1974), de Sara Gómez; El Brigadista (1976), de Octavio Cortázar; Retrato de Teresa (1979), de Pastor Vega y Un día de noviembre (1972), de Humberto Solás.

Los años ochenta fueron de replanteamiento. De esta década son grandes películas como Papeles secundarios (1989) y Clandestinos (1987), de Orlando Rojas; La bella del Alhambra (1989), de Enrique Pineda Barnet; Cecilia (1981) y Un hombre de éxito (1985), de Humberto Solás; Una novia para David (1987), de Fernando Pérez; y Plaff (1989) de Juan Carlos Tabío. Se estrena también, con sonante éxito, el largometraje de dibujos animados Vampiros en La Habana (1985), dirigido por Frank Padrón.

En el panorama de la cinematografía de los noventa, merecen mencionarse películas como Hello, Hemingway (1990), de Fernando Pérez; María Antonia (1990), de Sergio Giral; El siglo de las luces (1992), de Humberto Solás; Adorables mentiras (1991), de Gerardo Chijona, Fresa y chocolate (1993), de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío; La ola (1996) de Enrique Alvárez; Pon tu pensamiento en mi (1993) y Amor vertical (1996), de Arturo Soto.

Fresa y chocolate es la película que más éxito ha tenido en la historia fílmica cubana. Nominada al premio Oscar como mejor película extranjera, el film logró que Cuba pudiera penetrar al mercado cinematográfico mundial. Luego películas como La vida es silbar, de Fernando Pérez, Madagascar, Suite Habana, Viva Cuba y recientemente Madrigal ven el renacer del cine cubano luego de una dura etapa de dificultades económicas.

La pintura es la más genuina de las expresiones plásticas del país. Con la conquista y evangelización predominó una pintura de corte religioso asociada a la liturgia católica. No fue hasta el siglo XIX, con la fundación de la Academia de San Alejandro (1818), que se comienza a generar una pintura hecha por criollos, orientada a satisfacer el gusto europeo de la burguesía cubana.

La Academia fue creada por la Asociación Económica de Amigos del País, y su primer director fue el pintor de origen francés Jean Bautiste Vermay. Hacia la década del 80 se produce una nueva tendencia que tuvo como tema principal el paisaje. Las figuras más importantes son Esteban Chartrand y Valentín Sanz Carta.

Una pintura de corte costumbrista tendrá sus más interesantes expresiones en la obra del vasco Víctor Patricio de Landaluze. Pero el academicismo seguía reinando en el ambiente plástico. La reacción vanguardista de los años 20 (siglo XX), inauguró un nuevo momento en la pintura cubana. Iniciadores de la vanguardia cubana fueron Eduardo Abela, Víctor Manuel, Antonio Gattorno y Carlos Enríquez.

Figuras como René Portocarrero, Amelia Peláez y Mariano Rodríguez forman parte de la Escuela de La Habana en la década del 40. En 1942 regresa a Cuba Wifredo Lam, después de una larga estancia en Europa y una experiencia de taller con Pablo Picasso. En 1943 Lam realiza la obra que lo ha inmortalizado "La jungla", que fue adquirida por el MOMA de Nueva York.

Con el triunfo de la revolución, el movimiento plástico se fortalece a partir de la creación en 1962 de la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Figuras muy importantes como Raúl Martínez y Antonia Eiriz, integraron el claustro de profesores. Unos años más tarde, en 1976, se funda la Facultad de Artes Plásticas del Instituto Superior de Arte.

Obras de artistas como Roberto Fabelo, Zaida del Río, Tomás Sánchez, Manuel Mendive y Nelson Domínguez, conforman el patrimonio más importante de las últimas décadas. Hay que añadir nombres de artistas jóvenes como José Bedia, Kcho y Flavio Garciandía, Ernesto Rancaño que han ocupado un lugar privilegiado al frente de los nuevos caminos de la plástica. La pintura cubana durante los últimos 30 años ha mostrado gran capacidad para asumir las influencias más importantes del arte internacional con sentido propio y creativo, asumiendo al mismo tiempo, una postura crítica en sus temas, para continuar definiendo así los rasgos de la identidad cubana.

DANZA Y BALLET 

La riqueza del mestizaje cubano, la mezcla de las razas blanca (europea), negra (africana), oriental (china) e indígena (americana) devinieron en una extraordinaria creatividad de música, danzas y bailes en Cuba.

Cuba se distingue en el mundo con su aporte en el ballet clásico de Alicia Alonso, además de su contribución en la danza moderna y contemporánea con su estilo propio. La herencia africana ha creado un rico folclor de bailes de santería (yorubas, rumbas, congas y arara) y la mezcla de lo europeo y lo africano ha aportado al mundo modalidades propias de bailes populares cubanos como: el son, el cha-cha-chá, el mambo, la rumba, la salsa y el casino.

La conga, baile típico cubano, fue desarrollada por los esclavos, gran parte de la danza contemporánea cubana tiene asociaciones importantes con las religiones afro-cubanas. La música cubana más popular en la actualidad es el son, que se desarrolló en las montañas orientales a fines del siglo pasado e incorporó guitarra, tres, bajo, bongó, claves, maracas y voz. El mambo, bolero, salsa y chachachá todos derivaron del son.

El Ballet Nacional de Cuba es una de las más prestigiosas compañías danzarias del mundo y ocupa un lugar prominente en la cultura hispanoamericana contemporánea. El rigor artístico-técnico de sus bailarines y la amplitud y diversidad en la concepción estética de los coreógrafos, otorgan a esta agrupación un lugar relevante entre las grandes instituciones de su género en la escena internacional.

La compañía surge en 1948, con Alicia Alonso como principal fundadora y primerísima figura. En 1950 se crea la Escuela Nacional de Ballet Alicia Alonso, anexa a la compañía profesional. Desde los inicios, su línea artística partió del respeto a la tradición romántica y clásica, estimulando al mismo tiempo el trabajo creativo de coreógrafos que seguían una línea de búsquedas en lo nacional y contemporáneo.

Ya en esta temprana etapa, el montaje de las versiones completas de clásicos como Giselle, El lago de los cisnes o Coppelia, estuvo acompañado de obras procedentes del movimiento renovador de los Ballet Rusos de Diáguilev como Petruschka o La siesta de un fauno; y de ballet creados por coreógrafos nacionales.

El advenimiento de la Revolución en 1959, marcó el inicio de una nueva etapa para el ballet cubano. Ese año, como parte de un nuevo programa cultural, se reorganiza la compañía con el nombre de Ballet Nacional de Cuba, y ha tenido desde entonces un auge vertiginoso, enriqueciendo su repertorio y promoviendo el desarrollo de nuevos bailarines, coreógrafos, profesores y de otros creadores en otros géneros relacionados con la danza, como las artes plásticas y la música. Junto al perfeccionamiento del repertorio tradicional, se ha incentivado un pujante movimiento coreográfico, con obras que se ubican dentro de los más significativos logros de la coreografía contemporánea.

Además de su intensa actividad en Cuba, donde ha logrado proyectar socialmente su arte a nivel popular, el Ballet Nacional de Cuba desarrolla anualmente un programa de giras internacionales, que lo lleva a escenarios de diversos países de Europa, Asia y América. Importantes galardones, como el Grand Prix de la Ville de París y la Orden « Félix Varela», de la República de Cuba, se suman a la aclamación de los más destacados representantes de la crítica especializada y a las distinciones recibidas por sus figuras, de manera individual, en concursos y festivales internacionales.

El Ballet Nacional de Cuba es la máxima expresión de la escuela cubana de ballet, que sobre la base del legado cultural que brindan varios siglos de tradición en la danza teatral, ha logrado una fisonomía propia en la cual esa herencia se funde con los rasgos esenciales de la cultura nacional.

El Conjunto Folklórico Nacional de Cuba, fundado a principios de 1962, por el folklorista cubano Dr. Rogelio Martínez Furé y el coreógrafo mexicano Rodolfo Reyes Cortés, se propuso desde sus inicios contribuir al rescate y revitalización de las tradiciones danzarías y musicales de esta isla antillana, debiendo seleccionar aquellas de mayor valor artístico para organizarlas de acuerdo con las más modernas exigencias teatrales, aunque sin traicionar su esencia popular.

Hoy, después de 45 años de su fundación, ha desarrollado un estilo de arte folklórico teatral de gran efectividad escénica y estética, que refleja las diversas tradiciones culturales cubanas, tanto de origen europeo (hispánicas o francesas), como de antecedentes africanos (yoruba, congo, carabalí, arará etc. o llegadas a cuba de otras Islas caribeñas.

La Escuela de Danza Contemporánea de Cuba ha encontrado un lenguaje danzario corporal propio. Con su peculiar estilo, sintetiza elementos de la danza moderna universal, del folklore cubano (las técnicas de ondulación de Obatalá; las posiciones abiertas y cerradas se enriquecen con las posiciones de gancho de los diablitos Abakuá, asícomo el sentido del movimiento pélvico como centro del cuerpo proveniente de la virilidad y sensualidad del Changó y Ochún; y el barroquismo de los brazos de la cultura bantú) y de los estilos danzarios que son resultado de la mezcla cultural ocurrida en Cuba que materializan la contradanza, el danzón y el son.

El Ballet Español, importante agrupación fundada en 1987, con el nombre de Conjunto de Danza Española, bajo el auspicio de Alicia Alonso. Más tarde al asumir la dirección uno de sus fundadores, el Primer Bailarín y Coreógrafo Eduardo Veitía; y con el objetivo de ampliar su repertorio cambia el nombre por el de Ballet Español de La Habana a fines del año 2000, convirtiéndose en una compañía de alcance nacional.

El Ballet Lizt Alfonso fundado por su directora y coreógrafa, Lizt Alfonso en 1991 en el seno del Centro de Promoción de la Danza de Cuba, se declara como compañía independiente en 1992, asumiendo su nombre actual. Su principal objetivo es ofrecer al espectador un espectáculo ameno y dinámico, basado en la fusión de las ricas danzas que componen el folclore español y cubano, combinadas con las tendencias más actuales de la composición coreográfica, musical y teatral. La elegancia y el rigor artístico caracterizan sus obras, cuya excelente factura, unida a la particular manera de bailar del cubano, las hace verdaderamente únicas. 

El ballet está integrado por un Cuerpo de Baile compuesto únicamente por mujeres, un Grupo Musical, un Equipo Técnico y un Equipo de Dirección, además cuenta con el ballet Infantil y Juvenil y los Talleres Vocacionales, todos bajo la tutela de su directora.

COCINA

La cocina cubana es una mezcla de las raíces españolas y africanas utilizando productos locales. Nuestra cocina cubana, como el idioma español, es vastísima y presenta múltiples variaciones y sutilezas, incluso algunas conforman particularidades de determinadas provincias y regiones del país. Ambos, idioma y cocina, nos identifican, son aspectos de nuestra cubanía, de nuestra cultura y añoranzas donde quiera que estemos. Es algo que disfrutamos como muy autóctono, de ahí que conservar sus raíces sea parte del quehacer cotidiano.

En la mesa cubana platos como los "moros y cristianos", arroz con pollo y picadillo son comunes, al igual que las sopas con plátanos, o los frijoles. La comida típica cubana resulta sorprendente por la variedad de sus platos, lo bien condimentada, y la cantidad que se sirve.

Los frijoles negros dormidos, la yuca con mojo, las frituras de malanga o maíz, arroz blanco abundante, plátanos chatinos, ensalada de tomates adornada con lechugas. No puede faltar la pierna de puerco asada en púa, o un puerco entero que se cubre con hojas de guayaba y cada cierto tiempo se empapa con zumo de naranja agria.

Al cubano le gusta comerlo todo junto, casi siempre en el mismo plato, que se va rellenando una y otra vez ya sea de puerco asado o cualquier otra carne, con frijoles y arroz, o ensalada. Durante la comida se toma cerveza y agua todo bien frío.

El postre típico es la mermelada de guayaba con lascas de queso amarillo, o los buñuelos de yuca en almíbar con anís. Y no puede faltar al terminar una tacita de café criollo bien fuerte. Las cervezas cubanas Cristal y Bucanero son de buena calidad y los cocteles mojito y daiquirí son confeccionados a partir del ron cubano.

RELIGION

Con la conquista, España impuso en Cuba su cultura, su lengua, su civilización y, por supuesto, su religión. El catolicismo pasó a ser por largo tiempo la religión oficial y exclusiva; el clero se ocupó de la educación y la asistencia hospitalaria y social, con una concepción caritativa. Hasta después de la independencia de España, la Iglesia Católica logró conservar en Cuba una posición política y social preponderante.

Varios son los templos que tienen un relieve especial, ya sea por su riqueza arquitectónica, antigüedad, o la devoción popular a las figuras religiosas que albergan. Son notables la Catedral de La Habana, la Iglesia del Espíritu Santo, la de la Virgen de Regla, la de San Lázaro, la de la Virgen de las Mercedes, todas estas en La Habana; y la de la Virgen de la Caridad del Cobre (Patrona de Cuba), en la provincia de Santiago de Cuba.

Desde 1935, entre el Vaticano y Cuba existen relaciones diplomáticas al más alto nivel. La Isla es visitada por autoridades de la Curia Romana, superiores órdenes religiosas y de otras organizaciones, como la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), en la que está representada la iglesia cubana al igual que en otras instituciones internacionales. Un momento histórico de estos vínculos fue la visita del sumo pontífice Juan Pablo II a Cuba en enero de 1998, este acontecimiento conmovió al mundo, no sólo por la visita en sí misma, sino por la gran acogida que el gobierno y pueblo de Cuba dieron al Papa.

En Cuba se practican otras religiones conocidas, dentro de ellas tienen más fieles y practicantes los Cultos Afrocubanos, traídos a la Isla por la gran masa esclava africana que arribó durante toda la época colonial y que desde el siglo XIX forman parte intrínseca de la nacionalidad Cubana. Se considera que el 4% de la población cubana practica religiones protestantes.

El panteón de la Santería cubana es inmenso, más de 400 deidades se ubican a la derecha de "Olofin" -el supremo hacedor del universo- y constituyen la representación de los mejores principios morales y afectivos, aunque algunos poseen defectos de menor cuantía según el patrón de los humanos. Otros 200 orishas, francamente malignos y negativos, se encuentran a la izquierda del padre universal Yoruba.

Los orishas más conocidos, identificados con las fuerzas naturales elementales o fenómenos de la vida, son los siguientes:

Elegguá: Orisha de los caminos y del destino de los hombres. Es el primero de los cuatro guerreros (Elegguá. Oggún, Ochosi y Osun) y el primero entre todos, pues Olofi le dio esa potestad. Protege el hogar y es la personificación del azar. Forma pareja con Echu, el que está presente en todas las desgracias. Ambos se complementan, ya que no puede haber seguridad sin peligro, sosiego sin inquietud. Elegguá lleva collar rojo y negro y Echu, blanco y negro, lo mismo que sus atuendos, consistentes en chaquetilla, pantalón y sombrero. En la mano empuñan el "Garabato", una especie de gancho de madera de dos o tres pies de largo.

Oggún: Uno de los más antiguos del panteón Yoruba. Dios de los minerales y las herramientas. Patrón de los herreros y herrero él mismo, domina también los secretos del monte y sabe utilizarlos en encantamientos. De gran fortaleza física, personifica al guerrero por excelencia y al hombre irascible y violento. Sus hijos son los ideales para el sacrificio de animales, pues Oggún es el dueño del Kuanagdó (cuchillo). Se viste de mariwó (sayo de hojas de palma) y con una cinta en la cabeza. Empuña un machete con el que corta la maleza por donde transita. Sus collares son de cuentas verdes y negras, y en ocasiones se suman las moradas.

Obatalá: Deidad de la pureza y por ello dueño de todo lo blanco y de la plata. Creador de la tierra, culminó la obra de Olofin al terminar de formar la cabeza de los hombres, por lo que gobierna sobre los pensamientos y los sueños. Es misericordioso y amante de la paz y la armonía. Todos los demás orishas lo respetan y lo buscan como abogado, pues la misión a él encomendada por Olofin fue la de hacer el bien. Viste de blanco y su collar es del mismo color. Sólo Ayáguna, un Obatalá joven, lleva una cinta roja diagonal en el pecho, símbolo de cuando fue guerrero y limpió su espada para abandonar la violencia.

Yemayá: Madre de la vida, es dueña de las aguas y representa al mar (en las costas, pues las profundidades del océano son de Olokun) fuente fundamental de la vida en el planeta. Considerada madre de casi todos los orishas, sus castigos son duros y su cólera terrible, aunque actúa con justicia. su vestido señorial es de un azul intenso, igual que las cuentas de su collar, donde se alternan con otras transparentes.

Ochún: Diosa del amor, la feminidad y del río, con el que simboliza la purificación. Símbolo de la coquetería, la gracia y la sensualidad femeninas. Acompaña a Yemayá y fue la que trajo a los hombres el caracol (el primero que habló) para que los orientara por medio del oráculo y lo utilizaran como moneda. Por eso se dice que con ella viene la riqueza. Fiestera y alegre, viste un lujoso atuendo amarillo, con seis pulseras doradas. Su collar es también de cuentas amarillas y ámbar.

Changó: Orisha del fuego, del rayo y del trueno; de la guerra; del baile, la música y la belleza viril. Representa el mayor número de virtudes e imperfecciones humanas: trabajador, valiente, buen amigo, pero también mentiroso, mujeriego, pendenciero, jactancioso y jugador. Gracias a un recurso secreto que le preparó Osain, el dios de la vegetación, podía despedir lenguaradas de fuego por la boca con lo que vencía a sus enemigos. De él se cuentan tantas historias que podrían llenar un grueso tomo de atractivas anécdotas. Usa camiseta holgada y pantalón hasta las pantorrillas, todo blanco con ribetes y adornos de color rojo intenso y en su collar se alternan ambos colores. Empuña siempre un hacha doble.

Oyá: Diosa de las centellas, los temporales y los vientos. Violenta e impetuosa, ama la guerra y acompaña a Changó en sus batallas. Es también la dueña del cementerio, en cuya puerta vive, cerca de Obba y Yewá, las otras "muerteras". La distingue el colorido de su saya, de nueve colores menos el negro, y el iruke (especie de escobilla de fibras largas) que blande en su mano derecha. El collar es de cuentas marrones con listas blancas y otra negra más fina en el centro de éstas.

Orula: Orisha de la adivinación y de la sabiduría. Rige el culto de Ifá, el Benefactor, y es quien permite a éste comunicarse con los humanos mediante los babalawos -los sacerdotes de la Ocha-, quienes se apoyan en el Oráculo o Libro Sagrado. Como dueño de la sabiduría, tiene la posibilidad de influir sobre el destino, incluso el más adverso. También es considerado como gran médico y cuenta para ello con el auxilio de Osain, el dios de la vegetación y, por ende, de todos los remedios. Sus seguidores se distinguen por llevar una manilla de cuentas verdes y amarillas.

Cuando se emplea el término "Santería" en Cuba, no se hace referencia al culto a los santos de la Iglesia Católica, sino a las creencias de que eran portadores los diferentes grupos étnicos de la cultura africana Yoruba, cuyos miembros fueron traídos a la Isla como esclavos.

La Santería, también conocida como "Regla de Ocha" se conformó, con rasgos diferenciales, en las provincias occidentales de Cuba desde fines del siglo XIX, y se extendió por la región oriental desde la década de 1930. En este credo, se rinde culto a los Orishas - deidades- y a los antepasados, cuyas funciones principales son las de proteger a sus devotos y orientar sus vidas. Las ceremonias son variadas y cumplen determinados propósitos: iniciación, propiciatorias, adivinatorias y fúnebres. Mediante éstas se exteriorizan las concepciones, ideas y representaciones religiosas de los adeptos, quienes las realizan con cierta regularidad ya sea en grupos o individualmente, de acuerdo al caso. Con el culto, el creyente refuerza su vínculo con lo sobrenatural al tratar de lograr la armonía entre las fuerzas del bien y del mal, buscando conquistar la voluntad del objeto de devoción con fines espirituales y materiales.

El Babalawo es el más alto representante de la jerarquía. Rinde culto al Orisha "Orula" -dueño de la adivinación- y es conocido como "Sacerdote de Ifá". Le siguen en orden descendente otros iniciados que cumplen funciones específicas dentro del ritual, entre ellos, los Babalochas -padrinos santeros-, e Iyalochas -madrinas santeras-, encargados de efectuar las ceremonias de consagración y de apadrinar a los nuevos adeptos.

La santería carece de templos como las iglesias católicas o protestantes. Sus prácticas religiosas se realizan en las casas-templos, locales generalmente compartidas con las viviendas de los dirigentes del culto, y en los que se conservan los objetos del ritual y las representaciones religiosas veneradas. La trascendencia de la santería en la sociedad cubana no radica sólo en la cantidad de sus seguidores, sino por su aporte de símbolos, ideas, mitos, leyendas y procedimientos a la idiosincrasia y la cultura nacionales.